Una vez estallada la bomba la pasada semana en los vestuarios de la selección femenina y con una rueda de prensa que evidenciaba el distanciamiento del equipo con el cuerpo técnico, los focos de todos los medios se encontraban presentes en la primera puesta en escena después del encontronazo entre seleccionador y jugadoras. Una situación que parece lejos de encauzarse y que vuelve a colocar a Vilda en el punto de mira tras la reacción de toda la afición a sus haceres como entrenador.

Las gradas se volcaron desde el primer minuto a favor de las jugadoras y en contra de un seleccionador que parece ignorar la realidad de los hechos, aferrándose a su puesto con la justificación del apoyo de la federación.

VILDA IGNORÓ LOS CÁNTICOS Y PITOS DE LAS GRADAS

Apenas con las jugadoras sobre el campo y con el ‘speaker’ presentando a las protagonistas del partido llegaron los primeros abucheos a un Jorge Vilda que se quedó con «los cánticos en los goles» y «los ‘uys’ cuando estuvieron a punto de meter goles».

Si bien es cierto que reconoció escuchar los gritos en su contra y otorgó el carácter de soberano al público, parece que sigue rechazando cualquier tipo de petición de dimisión, abrazándose a la renovación que firmó justo antes del la Eurocopa sin haber obtenido siquiera resultados.

Asimismo, amén de los cánticos que imploraban la marcha del seleccionador, también se escucharon otros de apoyo a jugadoras como Irene Paredes. La ex de PSG, como capitana, ha cargado con todo el peso de la situación. La de Legazpi además de toda la afición, ha contado con el apoyo de compañeras como Alexia Putellas, Sandra Paños o Mariona Caldentey.

LA INQUISICIÓN LLEGA A LOS CAMPOS DE LAS ROZAS

La otra cara visible de la federación fue la de la actividad censora, digna de la Santa Inquisición, aplicada antes del partido impidiendo a los aficionados de las gradas mostrar cualquier pancarta en contra de Jorge Vilda, privándoles de su derecho a la libertad de expresión.

Todas las tensiones vividas en los vestuarios de Las Rozas parecen haberse esparcido entre una afición que, desde hace tiempo, ya muestra su descontento con el seleccionador.

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